domingo, 18 de junio de 2017

SANTIAGO-PONTONES: AQUÍ AÚN QUEDA MUCHO POR HACER

Miriam Martínez García


ENTREVISTA A MIRIAM MARTÍNEZ GARCÍA

Miriam Martínez García y Manuel Fernández Espinosa

A principios de los años 60 del siglo XX se contaban aproximadamente unos 54.900 habitantes en la comarca de la Sierra de Segura; en 2002 habían venido a ser 27.369: eran las señales de una tendencia que ha ido mermando en una sangría poblacional la comarca. La tendencia no se ha invertido y amenaza con el despoblamiento de la Sierra. Jóvenes de nuestra comarca se marchaban de la Sierra, buscando trabajo y encontrándolo, en aquellos años, en las fábricas de ladrillos y azulejos de Castellón, en la huerta murciana o en el sector servicios del turismo levantino. La crisis económica podría haber supuesto un retorno de estos jóvenes a sus localidades de origen, pero los que han vuelto no son tantos como para invertir esa tendencia que nos amenaza: la despoblación.

Una de las jóvenes que, tras haber hecho su carrera universitara en Murcia, regresó a Santiago-Pontones es nuestra amiga Miriam Martínez García y puede decirse que es ella una de las dinamizadoras más activas de la vida económica, social y cultural de Santiago-Pontones. 

Desafiando el tórrido calor de las postrimerías de esta primavera, nos reunimos con ella en el I.E.S. "Villa de Santiago", institución en la que ella misma estudió, viviendo durante no pocos años en la residencia, debido a la distancia de su domicilio marchenero. Era nuestro propósito entrevistarla desde hace tiempo y, aunque un servidor se hace un taco con la grabadora del teléfono móvil, esta vez ha surtido efecto y de lo conversado con ella voy a extraer lo que me parece más destacable para compartirlo con nuestros lectores.

Cuando graduó en Derecho por la Universidad de Murcia, Miriam podría haberse instalado en Murcia y dejar atrás su Marchena y su Santiago-Pontones para, en el mejor de los casos, venir en verano. Sin embargo, las circunstancias conspiraron para que regresara tras sus estudios y se estableciera en Santiago de la Espada, donde desempeña su profesión. Como muchos que logran un trabajo, podría dedicarse a él y no meterse en más líos, no obstante a Miriam no la dejan indiferente los problemas de la localidad. Por eso se ha metido de lleno en reactivar el tejido asociativo de Santiago-Pontones, como co-fundadora y secretaria de la Unión de Empresarios de Santiago-Pontones y colaborando en todas las iniciativas culturales y sociales que brotan en el panorama santiagueño. Todavía, en estos días de finales de junio, está en el aire el éxito que ha supuesto la reciente I Feria de la Trashumancia de Santiago-Pontones, celebrada los días 2, 3 y 4 de junio, un proyecto que, junto a otras personas, ella puso en marcha. Sobre ese asunto Miriam lo tiene muy claro:

 - Hay que apostar por la ganadería -dice con la resolución que la caracteriza. Yo creo que la ganadería es un punto fuerte que tiene Santiago-Pontones; además de ser la actividad económica principal, tiene un gran peso en nuestro patrimonio cultural, pues el mismo origen del municipio está ligado a la misma, por lo que creo importante apoyarla y ponerla en valor. Además, piensa que mis abuelos eran ganaderos... bueno “pastores” (se ríe), lo de "ganaderos" es más moderno, por lo que siento gran sensibilidad por este sector. Sin duda ayudar a que este sector ocupe el lugar que le corresponde sería un gran logro para mí.

-¿Eran trashumantes tus abuelos? -pregunto curioso.
 
-Sí, ambos lo eran, de hecho mis padres se conocieron gracias a ello; como mis abuelos pasaban los inviernos en Sierra Morena, allí se conocieron y comenzaron una amistad que, finalmente, dio lugar a que surgiera el amor entre mis padres, por lo que podría decirse que la trashumancia es la “culpable” de que yo esté ahora aquí (risas).
 
A propósito de esto, me viene a la mente cuando mis abuelos hablaban de esto y decían -continúa diciéndonos- que se “iban a Andalucía”, cuando se iban a Sierra Morena con el ganado. Yo de pequeña siempre pensaba que Sierra Morena estaría por Sevilla, ¡por lo menos! (risas), pero después descubrí que no, que está en nuestra misma provincia. Esto nos hace ver la poca vinculación que los serranos siempre han tenido con el resto de Andalucía, lo que, en mi opinión, creo que se debe a lo aislada que siempre ha estado la Sierra y la poca atención que la Administración le ha prestado, salvo, claro está, para lo que le ha interesado, que básicamente ha sido para explotar nuestros recursos y beneficiarse de ellos, sin que, por supuesto, ninguno de estos beneficios redundara ni en nuestro municipio ni en nuestra Sierra.

-Así que la primera feria ha ido bastante bien. ¿Tenéis intención de volver a hacer otra edición el próximo año?

-En efecto, y de hecho, ¡ya nos hemos puesto manos a la obra!; pues después de la feria nos reunimos para hacer balance, ver todos los fallos y, también, para ver la forma en que se enfocará el año próximo, ya que le queremos dar un cierto giro, aunque ¡no te quiero hacer spoiler! (risas).

Evidentemente, siendo la primera edición ha habido muchos fallos y hay muchas cosas que mejorar. Pero, en general, con lo que yo me quedo es que ha despertado una chispa en el pueblo, como que la gente ha visto que si nos unimos, trabajamos y le ponemos ganas, se pueden hacer cosas. Pues aquí siempre ha habido mucha resignación, del tipo "aquí no hay nada que hacer" y, no, aquí aún hay mucho por hacer.

-Eso es así, Miriam. Pero si no hay gente como tú que lo haga... Si la gente joven se marcha, hace la carrera y se instala en otras ciudades, perdemos la Sierra.

-Es también lo que nos han ido inculcando, creo yo. Mi compañero de trabajo, que es casi 20 años mayor que yo, dice que "antes toda la gente se quería quedar aquí y, ahora, de tu generación, Miriam, nadie se quiere quedar". Eso puede ser así, pero es que los padres ya les compran piso fuera que es como decir: "Niño, tú búscate la vida fuera que aquí no hay nada". Que sus hijos vuelvan aquí, después de estudiar, es visto como un fracaso. 

Lo veo en mi mismo caso: toda mi vida estudiando, acabas la carrera y, de repente, te encuentras con un papel que dice que eres “titulada en algo”, que te ha costado mucho esfuerzo, sacrificio (y dinero) conseguir y que no te sirve de gran cosa, pues a lo más que puedes aspirar, si decides quedarte en la gran ciudad, es a entrar en un despacho de becaria, echando mil horas, cobrando lo justo para cubrir los gastos de vivir fuera y haciendo trabajos de pacotilla. Es entonces cuando tomas la difícil decisión de volver a casa con tus padres, tienes que “agachar las orejillas” y volver a depender, en cierta medida, de ellos.

Para mi eso fue un fracaso, pues piensa que casi media vida había estado fuera de casa; seis años en la residencia de Santiago de la Espada y cuatro en Murcia, desde los 12 años, y a los 22 tuve que volver. Fue una decisión que me costó mucho tomar y que, en principio, creía un fracaso. Pasé un año en Marchena ayudando a mis padres en la aceituna, en la obra, cuidando a mis abuelos… entre tanto, me di cuenta de la realidad del municipio, de lo mucho que necesitaba de personas que ayudaran para que no se muriera: es entonces cuando mi fracaso lo convertí en un reto y decidí venirme a vivir a Santiago de la Espada para “remover” esto, para aportar mi pequeño granito de arena.

- ¿Qué crees tú que podría hacerse para invertir esa tendencia que nos amenaza con la despoblación?

- Aquí lo que faltan son oportunidades. El problema principal que creo que hay en este pueblo es un sentimiento de conformismo, de desilusión, de derrotismo... como si ya nos hubiéramos dado por vencidos. Es como si aquí no hubiera más que hacer: no vamos -parece que se dicen muchos- a luchar, vamos a pasar nuestros últimos años de vida como bien podamos y a nuestros hijos, vamos a mandarlos fuera. Ese es el sentimiento que reina aquí, por lo que en vez de buscar las oportunidades nos quedamos quejándonos de la falta de las mismas.

Luego, también es verdad, hay mucha dependencia de las administraciones, total y absoluta: la poca gente de mi edad que se queda aquí aspira a poco. Aquí somos mucho de decir "Aquí podría hacerse esto... allí, lo otro". ¿Pero quién lo hace? Falta iniciativa.

Y una cosa que creo fundamental: aquí cada cual va a lo suyo y a conseguir resultados a corto plazo y esto es algo que debemos cambiar: hay que empezar a tener visión más amplia, tendríamos que entender todos la gran importancia del bien común del pueblo y que, lo que al momento no parece dar fruto, se verá el fruto con el tiempo si lo hacemos bien. La feria, por ejemplo, no ha beneficiado directamente a ningún pastor, pero hay que pensar a medio/largo plazo: estamos poniendo en valor su oficio, estamos logrando que la gente conozca el pastoreo, que gente de fuera venga al pueblo, que pruebe y se dé a conocer nuestro cordero... Estamos consiguiendo mucho: pues con pequeñas cosas como esta feria podemos lograr que, a largo plazo, la ganadería ocupe el lugar que le corresponde y sea una actividad rentable por sí sola, sin tener que depender de ayudas de las Administraciones que, en el mejor de los casos, llegan tarde.

Además, a corto plazo, se han beneficiado los bares y si han dado un buen servicio habrán logrado buenas referencias para otra vez, por lo que el resultado a medio/largo plazo será aún mejor.

El caso es que hay que ir más allá del inmediatismo y enfatizar en el bien común. Tenemos que buscar la forma de ser autosuficientes. Mi abuelo Lorenzo me dice siempre que: "No hay cosa más grande en esta vida que saber valerse por sí mismo". Eso es algo que siempre tengo presente e intento aplicar en mi día a día, pero que aquí, en general, brilla por su ausencia, pues hay mucha dependencia, sobre todo -como he dicho- de la Administración. Si todos hubieran tenido un abuelo como mi Lorenzo otro gallo cantaría.

En este sentido, la Unión de Empresarios nace con este firme propósito; el de aunar fuerzas para, dejando a un lado los intereses individuales, luchar por el bien común. El propio símbolo de la misma representa este mensaje, es creación de nuestro presidente, Gustavo Jiménez, y simboliza, según sus propias palabras, “tener los pies enraizados en nuestra tierra y nuestras manos abiertas al mundo, mientras florece el corazón”.


 
A Miriam le han dicho muchas veces que es una idealista; hasta su madre, en tono cariñoso, la llama la “defensora de las causas perdidas”. Y es que Miriam se mete en todos los charcos por la sencilla razón de que sabe salir de ellos. Otro de sus frentes, como bien sabemos, es la reivindicación de Los Goldines, pues su familia era de allí, hasta que la Administración, en un abuso de poder, expropió y dispersó al vecindario de aquel núcleo rural. Sin embargo, aunque hemos hablado en esta sentada de Los Goldines, prefiero dejarlo, con su permiso, para otra ocasión, pues como Miriam dice: ella "no sólo lucha por lo pasado, sino también por el presente y para un futuro". 

La impresión que uno saca tras el vis a vis con Miriam es que, aunque le llamen "idealista", esta joven mujer tiene las ideas muy claras, está dotada de talento y tenacidad para sacar adelante los proyectos que idea, pergeñándolos con prudencia y disciplina. Y aunque no me lo dijera ella en la entrevista creo que el secreto de esa fuerza que emana de ella está en el amor y lealtad que tiene a su familia y a esta tierra de sus antepasados: sólo hay que escucharla hablar de sus padres, de sus abuelos, de Marchena, de Los Goldines. En ella hay una prístina honestidad que compagina con mucha fuerza e ilusión... Y esas virtudes son la combinación perfecta del liderazgo que se requiere para trabajar por el bien común. Agradecidos por el tiempo que ha compartido con nosotros, hablándonos de proyectos muy importantes para el futuro de Santiago-Pontones, le pedimos que "salga a la pizarra" (como otrora le pedirían en sus años de estudiante) y que ponga algo, lo primero que se le ocurra, con la tiza. Ni se lo piensa dos veces, ella tiene las ideas claras:

"SANTIAGO-PONTONES: "Aquí aún queda mucho por hacer".

Y con personas con la ilusión que irradia Miriam haremos bien en creer que se hará todo lo que se pueda para que Santiago-Pontones levante cabeza, pero -eso sí- debiéramos ayudar todos a ello. Todos, naturales y residentes aquí, tendríamos que arrimar el hombro para que remita la tendencia de la despoblación, aportar cuanto podamos para que esta comarca tan genuina que parece adormecida se levante y logre un porvenir más próspero... Hacer cuanto podamos para que este gigante -como gustan decir los amigos de ZURRIBULLE- despierte.

Logo de la UNIÓN DE EMPRESARIOS SANTIAGO PONTONES:

jueves, 18 de mayo de 2017

UN FILÓSOFO EN LA SIERRA DE SEGURA

Fray José de Jesús Muñoz Capilla (1771-1840), obra de José Saló y Junquet, Real Academia de Córdoba

EL MAESTRO MUÑOZ CAPILLA, BOTÁNICO Y PIONERO EN LOS ESTUDIOS DE HISTORIA Y FILOSOFÍA DE LA RELIGIÓN


Manuel Fernández Espinosa


Aunque este blog es del Instituto de Enseñanza Secundaria Villa de Santiago de Santiago-Pontones, entendemos que nuestro compromiso es con toda la Sierra de Segura y sobre ese supuesto encuentra sentido que hoy aborde la figura de un filósofo y científico que vivió en algunas etapas de su vida en la Sierra de Segura. Como tantas personalidades y obras de nuestra cultura nacional del siglo XIX constituye todo un campo que está por explorar, de ahí que apenas se haya reparado en su presencia en Segura. Vamos a presentar una semblanza de este sabio decimonónico.

UNA VIDA DE ESTUDIO Y ACCIÓN

Fray José de Jesús Muñoz Capilla nació el 29 de junio de 1771 en Córdoba y falleció el 29 de febrero de 1840 en la misma ciudad. Estudió en el Colegio de San Pablo de los Padres Dominicos de su ciudad natal, pero abrazó la vida monástica en la orden de San Agustín, ciñiéndose la correa de Santa Mónica en el convento de Ntra. Sra. de Regla (entre Sanlúcar y Chipiona); se formó en los conventos de Murcia y Granada, en Sevilla estudió Sagrada Teología en el Colegio de San Acacio que, a la sazón, disponía de una de las bibliotecas mejor surtidas de la Bética. Más tarde, terminando el siglo XVIII, regresó a Córdoba para ser profesor en Artes: conviene recordar que en la antigua organización de los estudios, las Artes Liberales eran siete: el Trivium (gramática, dialéctica y retórica) y el Quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música.)

En 1808 fue designado como prior de San Agustín de Córdoba, realizando una profunda reforma en los estudios, nutriendo la biblioteca y potenciando la devoción a Ntra. Sra. de las Angustias. Con la Guerra de la Independencia fray José de Jesús desarrolló una ímproba actividad para paliar el hambre de la vecindad de Córdoba, organizando las "sopas económicas" para atender a los necesitados y sus dotes organizativas le valieron que en 1808 se le nombrara vocal de la Junta de Defensa y vocal de la Junta Eclesiástica de Sevilla, pasando con el gobierno de la Junta resistente patriótica a Cádiz. 

En la primavera de 1811 es cuando lo vemos aparecer en nuestra comarca, habiendo dejado Cádiz en abril. Se instala en Segura de la Sierra y aquí trabaja retirado de todo hasta que Andalucía es liberada y regresa a Córdoba en 1813. Se pone otra vez manos a la obra para reconstruir lo que los atroces años de ocupación napoleónica han destruido, colabora en muchas tareas volviendo a mostrar sus capacidades de organizador, al frente lo mismo de su convento que de hospicios para pobres. En 1817 se incorpora como miembro correspondiente de la
Real Academia de la Historia y en 1815 se le admite como miembro de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, siendo nombrado Maestro de la Orden agustiniana. En 1822 es propuesto como Obispo de Salamanca por el Consejo de Estado, pero estaban tan revueltas las cosas en lo político que las gestiones se truncaron y no llegó al episcopado. Con la restauración absolutista, Fray José de Jesús Muñoz pasa otra vez a la retirada vida conventual. 

EL TRATADO DEL VERDADERO ORIGEN DE LA RELIGIÓN

Es en esos años de ocultación y estudio cuando, por encargo de sus hermanos del Convento de San Felipe el Real de Madrid, se le encomienda lo que será, a mi juicio, su obra más importante: los dos volúmenes que componen el "Tratado del verdadero origen de la Religión y sus principales épocas" (año 1828). Para entender este libro es menester saber que el académico y político revolucionario francés Charles François Dupuis (1742-1809) había publicado en 1795 un libro titulado "L'origine de tous les cultes, ou la réligion universelle" en el cual el académico francés trataba de relacionar el origen de las religiones con la astrología. Un compendio de la monumental obra en varios tomos de Dupuis había sido traducido al español por el llamado abate Marchena. Para poder realizar una impugnación de la obra de Dupuis había que abarcar tantos campos como los que tocaba el francés (historia de las religiones de todo el mundo, tanto las antiguas como las actuales, las americanas como las asiáticas, la egipcia, la griega... y la astrología que, en aquel entonces, todavía no estaba bien diferenciada de la astronomía como hoy): en toda Europa, muy probablemente, nadie podía manejar tanta información para refutar las teorías naturalistas de Dupuis como mostró manejarla fray José de Jesús Muñoz. El "Tratado del verdadero origen de la Religión..." del Padre Muñoz comienza, nada más y nada menos, que con una "Disertación preliminar sobre la antigüedad del Zodiaco" que, de suyo, constituye todo un ensayo, pero necesario para proseguir luego la refutación de todo el sistema de Dupuis. Y, más adelante, la controversia filosófica proseguirá con un exhaustivo estudio de las religiones india, persa y judía: el dominio que el fraile cordobés muestra de la religión hindú, persa, incluso del taoísmo, muestra a las claras la competencia intelectual de este agustino que, en justicia, podría ser considerado como el pionero español en los estudios modernos sobre la Filosofía y la Historia de la Religión. En palabras de M. Revuelta González, el "Tratado del verdadero origen de la Religión..." del P. Muñoz es "la obra de más categoría intelectual de la década". Con rigor impecable desmonta todas las teorías de Dupuis, invalidando que el cristianismo sea un producto artificial sincretizador de antiguas religiones mistéricas como la de Mitra: este debate será más tarde, en el siglo XX, continuado por el estudioso alemán Padre Franz Joseph Dölger, estudiando las relaciones entre el mundo pagano y el cristianismo incipiente. El P. Muñoz, con el instrumental de su época, se anticipa un siglo al ilustre erudito alemán.

En 1836 el Ministerio de Gracia y Justicia le emplaza para que ocupe el Obispado de Gerona, pero el P. Muñoz está viejo, cansado y enfermo y, aunque agradece el nombramiento, lo rechaza. Murió en febrero de 1840.


LAS ESTANCIAS DEL P. MUÑOZ EN LA SIERRA DE SEGURA

Por dos veces vivió el P. Muñoz en la Sierra de Segura. Primero, como decíamos arriba, vino a refugiarse a Segura de la Sierra en los años de la ocupación napoleónica, dedicándose aquí durante unos años a recoger y catalogar la flora segureña que, junto a la que recopiló en otras comarcas andaluzas, formó un herbolario que, una vez restaurado, se encuentra en la Facultad de Veterinaria de Córdoba. Y aquí, en Segura de la Sierra, empezó a escribir un libro de filosofía al que tituló "La Florida. Extracto de varias conversaciones habidas en una casita de campo inmediata a la villa de Segura de la Sierra, por los años de 1811 y 1812, que forman un tratado elemental de ideología, lógica, metafísica, moral &c., para uso y enseñanza de la juventud"; aunque el libro lo inició en 1811, no se vería publicado hasta 1836. El libro lo escribió en forma de diálogo y, en palabras de D. Marcelino Menéndez Pelayo, "la psicología del P. Muñoz salva mucho más que la de Eximeno la actividad del alma que trabaja sobre el dato de los sentidos; y además tiene el mérito de distinguir claramente entre la impresión y la sensación". En la polémica muy viva de aquel entonces que suscitaba el sensualismo propugnado por el filósofo francés Condillac, el P. Muñoz es en palabras de Menéndez Pelayo "sensualista, pero mitigado".

Por segunda vez, volverá a la Sierra de Segura en el año 1826, tras obtener licencia de su Orden. En 1826 se instala en Siles y continuará compaginando el estudio con el trabajo botánico, herborizando por nuestros montes; por motivos de salud parece que permaneció en Siles hasta 1828. Cuando Álvarez Mendizábal y sus secuaces procedieron a la exclaustración de los conventos y a la desamortización, el P. Muñoz era anciano y estaba enfermo, pero permaneció al frente del Hospicio “sirviendo a la patria y a mis semejantes; sin sueldo, sin provecho, con menoscabo de mi bolsillo, de mi salud y de mi honor…”.

BIBLIOGRAFÍA:

Menéndez Pelayo, Marcelino, "Historia de las Ideas Estéticas en España".

Revuelta González, Manuel, "La exclaustración (1833-1840)".

Muñoz Capilla, F. José de Jesús, "La Florida".

Muñoz Capilla, F. José de Jesús, "Tratado del verdadero origen de la Religión" (dos volúmenes)

Compendio de "L'origine de tous les cultes..." de Ch.-F. Dupuis, traducción del abate Marchena.

Campos, P. Javier (OSA), "José de Jesús Muñoz Capilla", publicado en Federación de Provincias OSAEsp. (Página web de la Orden de San Agustín en España)

domingo, 2 de abril de 2017

TRES BAUTIZOS "IN EXTREMIS" DE 1814

Óleo de Bernardo Ferrándiz Bádenes (1835-1885)
Título: "Antes del bautizo"


Y DOS FRAILES Y DOS INCENDIOS


Manuel Fernández Espinosa

En un somero ojeo a los libros de Bautismo (del siglo XIX) de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de nuestra localidad, no serán pocas las partidas bautismales que encontraremos en las que se registra el bautizo de recién nacidos a los que "echaron agua" personas que no eran el cura, bautizándolos en las aldeas donde los dieron a luz. Dada la configuración de la población santiagueña, diseminada en multitud de aldeas por todo el término municipal, esto formaba parte del día a día de los serranos: el cura párroco (a veces, con suerte, ayudado por un coadjutor) apenas podía atender un territorio tan extenso, accidentado y no raramente incomunicado por las nevadas y el pésimo estado de los caminos y veredas. Y a los niños -como mandaba la fe y era tradición- había que cristianarlos, aunque fuese "in extremis" (o sea, en caso de pensarse que "estaba en las últimas" y no quedaba otra.)

El Concilio de Trento había establecido que, en casos así de críticos, "pueden bautizar sin ceremonia solemne; en cuyo número entran todos, hasta la gente de pueblo, así hombres como mujeres, cualquiera secta que profesen. Pues, habiendo necesidad, se concede esta facultad también a los judíos, a los infieles y a los herejes, con tal que se propongan hacer lo que la Iglesia Católica hace al administrar este sacramento", aunque "no a todos es lícito celebrarle con las ceremonias solemnes". Estaba establecido el orden de quienes podían administrarlos por preferencia: "...ni el seglar estando presente un clérigo, ni el clérigo delante de un sacerdote, deben propasarse a administrar el Bautismo. Si bien las parteras, que están acostumbradas a bautizar, no deben ser desechadas; si alguna vez lo administran en presencia de algún hombre que esté menos instruído en hacer este sacramento". Muchos niños, al igual que las parturientas madres, corrían en no pocos casos el riesgo de morir al poco de nacer, por lo que no era extraño que la partera o aquellos que estaban cerca, tuvieran que darle las aguas del bautismo a la criatura; más tarde, si el bautizado salía adelante y desaparecía el peligro de muerte, se cumplimentaba el bautismo con el ministro pertinente que celebraba las ceremonias solemnes.

Vamos a ver algunos casos curiosos, de entre los muchos que pueden acopiarse.

LA NIÑA QUE BAUTIZARON DOS FRAILES

El 10 de mayo de 1814 nació María Antonia Uroz Martínez, hija de José Uroz Tauste y Juliana Martinez Ojeda; se consigna que el abuelo paterno era natural de Almería: los Uroz almerienses eran oriundos de Navarra, de la que vinieron a Almería en el repoblamiento que se practicó tras la Guerra de las Alpujarras. En el siglo XVIII algunos Uroz abandonan Almería y vienen al Jaén, estableciéndose en Santiago de la Espada y en Torredonjimeno (yo mismo soy descendiente de los Uroz asentados en Torredonjimeno)

Parece que a la recién nacida se la vio en necesidad de ser bautizada sin solemnidades, nada más nacer. Y para ello la familia contó con Fray Luis Arnal, religioso de los Descalzos de San Francisco y predicador de la Villa de Segura -según se nos informa en el documento. Más tarde, a primeros de julio de 1814, Fray Francisco Carrión, de la Orden de los Mercedarios, cumplió con las "ceremonias del baustimo solemne" de María Antonia. Fray Francisco Carrión se hallaba predicando en esos días en Santiago de la Espada. Este asiento bautismal es interesante desde el aspecto misional: en un solo documento, hallamos a dos frailes -de dos órdenes religiosas distintas- que se encuentran en Santiago de la Espada predicando. Santiago estaba aislado, pero nunca dejó de ser atendido espiritualmente por misioneros de Jaén, de Granada, de Albacete y de Murcia.

Es el caso que, aunque no sabemos mucho sobre estos dos religiosos, algo podemos decir.

En el caso de Fray Luis Arnal, como consta en la partida, era franciscano descalzo y predicador de la villa de Segura. Estamos en 1814, por lo que haremos bien en suponer que con mucha probabilidad pudo contemplar con estupor el modo como las tropas napoleónicas, en su retirada de 1810, prendieron fuego a la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Collado, en Segura de la Sierra. No es más que una conjetura, pero dejémosla ahí. Un año después del bautizo de nuestra hornillera por este fraile, el Infante Francisco de Paula Antonio de Borbón y Borbón-Parma (1794-1865) reconstruía la parroquial segureña.

Algo más que una conjetura sabemos sobre el otro religioso que se menciona en la partida bautismal santiagueña. Llevamos dicho que Fray Francisco Carrión le aplicó a esta niña las ceremonias solemnes, cuando se hallaba en misión de predicación aquí, aquel año 1814. Nuestro Fray Francisco Carrión, andando el tiempo, llegaría a ser comendador de la comunidad del Convento de la Merced de Murcia. 

La Orden de la Merced la instaló en Murcia Jaime I de Aragón, el Conquistador, en 1266. Y la primera iglesia de ese convento se edifició en 1562. El predicador que pasó por Santiago de la Espada era el comendador de este convento el año 1831. Y el 11 de octubre de 1831 se vería envuelto en el tremendo incendio que destruyó este convento tan antiguo, diecisiete años después de bautizar a nuestra María Antonia en Santiago, logrando escapar con vida, aunque chumascando el hábito. 

La iglesia conventual murciana parece que se salvó de las llamas, pero en las actas capitulares correspondientes a la fecha, se dice que: "El fuego se declaró a las nueve y media de la mañana. Acudieron con toda diligencia el corregidor don Félix de Maruiri, regidores, alcalde y comandante de armas con algunas tropas realizando todos trabajos de salvamento. Pese al trabajo realizado, no pudieron impedir que las llamas redujeran a cenizas el convento con todos sus enseres y una parte del templo franciscano". Y sigue narrándose que: "La voz de alarma la dio un muchacho que se hallaba junto al claustro. Fue tan repentino el fuego, que el comendador de la Comunidad, Fray Francisco Carrión, y otros religiosos se quemaron sus hábitos en la confusión buscando precipitadamente la salida de aquella inmensa hoguera. Con el auxilio de los vecinos se logró salvar la vida a varios frailes, abnegados, que a su vez la salvaban al Padre Maestre Alcántara, al que lograron salvar de la celda en llamas. El Maestre se hallaba gravemente enfermo y en los maitines de ese día se le había abministrado la Extremaunción." Por consejo del arquitecto D. Juan Ibáñez, se aisló el templo, derribando  parte del claustro. A falta de bomberos, los vecinos, los gastadores del Provincial de Sigüenza, y el 2º de Voluntarios Realistas trabajaron con ahínco hasta que lo creyeron extinguido, aunque a las once de la noche volvió a propagarse nuevamente el incendio por el viento de Levante. Según nos cuenta Alberto Castillo.

En 1835 el convento sería desamortizado, comprándolo unos particulares que lo emplearon como almacén y fábrica de seda.

DOS PARTIDAS MÁS DE BAUTISMO PRIVADO

Siguiendo con las partidas bautismales curiosas, encontamos la de Paula Juliana Paris López, hija de Gregorio Paris Pérez, hijo de Gerónimo y Eusebia, y de Francisca López Rodríguez (hija de Andrés y Narcisa). A Paula Juliana "le había hechado (sic) agua D. Juan de Dios Ojeda, capellán de la Hermita (sic) de La Toba", siendo 17 de agosto de 1814. La vemos recibir el Bautismo solemne en 10 de septiembre del mismo año, ya en la parroquia de Santiago de la Espada, por el cura teniente de la misma.

Presentaré por hoy la última de las curiosas partidas bautismales que he seleccionado, de entre las muchas que pueden recopilarse. Ésta partida bautismal curiosa corresponde a un niño y no echa agua ni fraile ni capellán alguno, sino un particular. Es del 13 de octubre de 1814 y se bautiza solemnemente a un niño que había sido bautizado el 13 de agosto por Pedro Navarro ("le había hechado (sic) agua"); al niño lo cristianaron con el nombre de Ramón Casiano, siendo hijo de Pedro Gabino Ruvira de la Cruz y Mónica Morcillo Romero.

jueves, 23 de marzo de 2017

EL PANTANO DEL TRANCO DE BEAS


 
Vista parcial del Pantano del Tranco de Beas, desde el puente de la presa

LAS IDEAS Y LAS OBRAS

Manuel Fernández Espinosa


Parece que quedan muy lejos aquellos reportajes cinematográficos que ofrecía el NODO. En aquellos “noticieros” era imagen recurrente la del General Francisco Franco inaugurando pantanos. La sensación que se instalaba en los espectadores que veían estos reportajes obligatoriamente cuando iban al cine era que aquellas inauguraciones eran el broche de oro que el dictador y sus gobiernos ponían a unos ambiciosos planes de obras públicas propios. Parecía como que a la dictadura se le había ocurrido hacer pantanos por toda la geografía española y la impresión que, más tarde, se hizo proverbial en la opinión pública es que aquella actividad, de todos aquellos pantanos inaugurados por Franco, se debían al franquismo, para bien o para mal. La publicidad positiva que esto traía consigo para el régimen franquista era indudable, por lo que los detractores de la dictadura no tardaron en lanzar con sarcasmo la acusación de que “Ya estaba Franco inaugurando otro pantano”.

Pero, al margen del efecto propagandístico de aquellos noticiarios en pro o en contra, cuando hacemos por contemplar sin ira y con estudio estas obras públicas, la lección que extraemos es otra muy distinta. La gran cantidad de pantanos que se inauguraron durante el franquismo, como el nuestro del Tranco de Beas, suponen hoy unas infraestructuras necesarias para nuestra vida. Seguro que pudieron hacerse de mejor manera, pero ahí están. Pero, lo más importante que cabe subrayar es que estas obras fueron la plasmación efectiva en la realidad de una necesidad que se demandaba desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX y, como su efectiva y no fácil plasmación, algo que se hizo gradualmente en diversas etapas técnicamente pautadas que atravesaron circunstancias políticas muy diversas. Fueron, por lo tanto, unos proyectos que tenían su origen ideológico mucho antes de establecerse la dictadura franquista. Las más colosales obras que implicaron tanta mano de obra, así como una enorme movilización de medios y recursos, no fueron comenzadas durante la dictadura de Franco. Franco, en la mayor parte de los casos, se limitó a rematar las mismas obras que habían sido anteriormente exigidas por intelectuales y profesionales técnicos y que, también, habían sido emprendidas muchas décadas antes, sin que ni la atroz guerra civil pudiera paralizar estas obras (aunque, como es obvio, las frenara.)

ANTECEDENTES REMOTOS

Para comprender mejor estas ambiciosas empresas nacionales habría que remontarse incluso siglos atrás. La decadencia de España ya era expresada tempranamente en aquellos melancólicos versos de Francisco de Quevedo, en el siglo XVII:

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

España había sido la dueña del mundo, pero incluso sin dejar de ser una potencia mundial, las conciencias más despiertas -como la de Quevedo- ya se habían percatado de que algo estaba pasando, que los españoles habíamos ido cayendo en una indolente languidez que arrastraríamos a través de las centurias. 

Los arbitristas del siglo XVII, que podemos verlos aparecer en la magistral novela del mismo Quevedo (“El Buscón”), por ejemplo, proponían proyectos de obras públicas que no pocas veces confundían sus megalómanas ideas fantasiosas con la imposibilidad. En el siglo XVIII todavía había proyectistas estrafalarios que José Cadalso (en la Carta XXXIV de sus “Cartas Marruecas”), en clave satírica como Quevedo, presentaba en la obra, más arriba referida: “Tengo un proyecto para hacer uno (un canal) en España, el cual se ha de llamar canal de San Andrés, porque ha de tener la figura de las aspas de aquel bendito mártir” –decía aquel personaje; su propuesta era realizar un gigantesco canal que dividiera en la realidad física, como lo había hecho en su fantasía, la Península Ibérica en una enorme X.

Aunque la literatura ha presentado a estos proyectistas con tonos cómicos, no todos estaban tan locos. En el siglo XVIII, con el reinado de Carlos III, se asistió al despertar de una política de obras públicas cuya inspiración hay que encontrarla en la Ilustración dieciochesca. Sin embargo, llegó el siglo XIX que fue, sin duda, uno de los más trágicos para España en todos los órdenes: el siglo XIX se inauguró con una guerra de independencia contra el invasor napoleónico (1808), se fue jalonando por guerras intestinas y conflictos sociales (guerras carlistas, pronunciamientos liberales, revoluciones) y, a la postre, vino a clausurarse con el desastre de la pérdida de nuestras últimas reliquias del Imperio: perdíamos Cuba en 1898 –y Estados Unidos de Norteamérica irrumpía en la escena mundial como una potencia imperialista y avasalladora, infligiéndonos una derrota nacional que adquirió tonos humillantes. La agitada historia española del siglo XIX supuso un parón, deteniendo todo lo realizado con las mejores intenciones en el siglo XVIII: muchas veces se ha ido a buscar las causas del atraso español en fechas más remotas, pero en el siglo XIX podríamos encontrar incoados todos los males que más tarde sufrimos en el XX: la intolerancia ideológica, el cainismo, la guerra, el hambre, las miserias, las injusticias sociales... 

EL REGENERACIONISMO ESPAÑOL Y LOS PANTANOS

No obstante, la Guerra de Cuba y su lacerante desenlace sirvió para algo más que sumirnos en el dolorido sentir de nuestros fracasos históricos; no todos aquellos españoles se quedaron lamiéndose las heridas. El Desastre de 1898 galvanizó al sector más culto de nuestra sociedad, lo excitó hasta ganar conciencia de nuestra postración nacional que no nos dejaba levantar cabeza. Se ahondó en el análisis de los males nacionales y se establecieron líneas de acción para corregir el rumbo y mejorar la situación nacional: los regeneracionistas (la Generación literaria del 98 podría incluirse en el regeneracionismo) compusieron así un abigarrado grupo de talentos que contribuyeron a formar uno de los movimientos de ideas más interesantes y fructíferos de toda nuestra historia contemporánea. Y no somos ni lo suficientemente conscientes ni agradecidos por todo aquel despliegue de compromiso social e histórico de nuestros regeneracionistas, a la cabeza de los cuales habría que poner a D. Joaquín Costa.

Es en el regeneracionismo español donde encontramos el ambiente ideológico al que hemos de ir para encontrar los antecedentes de la multitud de obras públicas infraestructurales y nacionales, entre las cuales cabe enmarcar la del Pantano del Tranco de Beas. 

El regeneracionismo español constituye un movimiento heterogéneo que no puede ser acaparado por ningún partidismo político, en tanto que en él confluyeron los anhelos de personalidades tanto de la izquierda como de la derecha: todos aquellos a los que podemos calificar como regeneracionistas (en sus más diversas y a veces opuestas familias: krausistas, católicos, socialistas, conservadores…) pueden a día de hoy ser reconocidos en justicia como hombres y mujeres que tenían un denominador común: mejorar a España en lo social, en lo económico, en lo educativo, en todas las facetas de la vida nacional. Son muchos y no todos bien conocidos, pero si hay uno que tiene una relación directa con nuestro Pantano del Tranco de Beas es D. José del Prado y Palacio, I Marqués del Rincón de San Ildefonso.

D. José del Prado y Palacio nació en Jaén el 3 de enero de 1865 y falleció en Espelúy el 14 de febrero de 1926. Era miembro de una aristocrática familia, asentada en Torredonjimeno desde el siglo XVI. Estudió ingeniería, pero se involucró en política figurando en el partido conservador a través de los cambios de liderazgo que éste fue experimentando tras el asesinato de D. Antonio Cánovas del Castillo. Fue alcalde de Jaén y de Madrid y en 1919 ocupó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Aunque personaje de la escena política de la España de su tiempo, D. José del Prado y Palacio no se limitó a ejercer sus quehaceres políticos al margen de su formación profesional y sus inquietudes regeneracionistas. En 1917 escribió un libro: “Hagamos Patria. Estudio político y económico de problemas nacionales de inaplazable resolución”, el libro lo prologaba Manuel Bueno Bengoechea (1874-1936), un escritor y periodista de la Generación del 98, el mismo que en una pelea dejó manco, a consecuencia de las secuelas de la bronca, al dramaturgo D. Ramón María del Valle-Inclán.

En “Hagamos Patria” (recordemos: año 1917), D. José del Prado escribió:

Hay que convertir las fuerzas nacionales hacia esta gigantesca empresa, estudiarla con pies de plomo y acometerla con impulsión irresistible hasta llegar a nuestro “ideal nacional” en este punto: restaurar magnos lagos, verdaderos mares interiores de agua dulce, multiplicar pantanos, construir muchedumbre de embalses, alumbrar, aprovechar, detener cuantas aguas caen dentro de la Península, sin devolver al mar, si puede ser, una sola gota”.



D. José del Prado y Palacio


Unos años antes, en 1912, otro comprovinciano, D. Antonio Anguís Díaz (muerto el año 1947), ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, había hecho el primer proyecto para el Pantano que hoy es el del Tranco de Beas. Sin embargo, aunque las obras comenzaron bajo su jefatura, el proyecto que se siguió fue el de D. Antonio del Águila y Rada. Los trabajos de excavación comenzaron el año 1930 y los de hormigonado tuvieron lugar en el de 1931. El macizo se remató en 1934. La guerra civil retardó los trabajos, aunque estos prosiguieron sin cesar y el 28 de febrero de 1944 se cerraban las compuertas, terminándose ese año las obras. Los detalles se ultimarían en 1945. El Pantano sería inagurado en 1948.

CONCLUSIONES

Si hacemos el leve ejercicio de observar bien las fases de las obras de nuestro Pantano del Tranco de Beas en su cronología, terminaremos concluyendo que:

1º Los antecedentes ideológicos del Pantano del Tranco de Beas (así como los de la mayor parte de las Obras Públicas que se acometen en la España del siglo XX) están en el regeneracionismo español, movimiento transversal que concita el activismo comprometido de intelectuales y profesionales técnicos de todo signo político: desde la derecha a la izquierda.

2º Lo que era un proyecto regenerador a escala nacional que contemplaba el aprovechamiento de nuestros recursos, mediante la intervención multidisciplinar y politécnica, viene a definirse y concretarse en los últimos gobiernos de la llamada restauración monárquica que, pese a su corrupción política constitutiva, no podía desentenderse de la urgencia de ciertas cuestiones fundamentales.

3º Se iniciaron los ingentes trabajos en las postrimerías de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera y con la dictablanda de Berenguer y el almirante Aznar que fue la transición de la monarquía restaurada por Cánovas a la II República proclamada el 14 de abril de 1931.

4º La Segunda República Española continuó impulsando y atendiendo estas obras infraestructurales.

5º Ni las dramáticas circunstancias de la Guerra Civil de 1936-1939 paralizaron los trabajos.

6º Durante los primeros años de la dictadura franquista, los trabajos prosiguen y se ven terminados por fin.

7º No fue Franco, por lo tanto, el que hizo el pantano del Tranco de Beas; sí que fue durante su largo mandato dictatorial cuando se vieron rematadas las obras.

El Pantano del Tranco de Beas que ocupa un espacio de los términos de Santiago-Pontones, Hornos y Villanueva del Arzobispo, trajo consigo el anegamiento de la vega de Hornos. Muchas aldeas fueron sepultadas bajo las aguas que se embalsaron aquí: Bujaraiza es el símbolo que se alza de toda aquella zona serrana sumergida. 

8º Y es que, aunque vivimos como si no fuese con nosotros, lo que las personas piensan, escriben y proyectan siempre puede tener efectos reales.

jueves, 16 de marzo de 2017

DON PEDRO "EL DIABLO"

 
Ingenieros de Montes de la segunda mitad del siglo XIX

EL SANTIAGUEÑO AL QUE LA PROVINCIA DE JAÉN LE DEBE TENER SANTIAGO DE LA ESPADA ENTRE SUS PUEBLOS

Manuel Fernández Espinosa

En la misma línea de recuperar y divulgar ni siquiera la semblanza de personalidades históricas de Santiago de la Espada, como ya hicimos con el hornillero Julián Ruiz Marín que fue en el siglo XIX varias veces alcalde de San Roque, hoy quiero presentar a un personaje singular que, no por poco conocido, dejó de tener su influencia en la villa de Santiago. Me refiero a Pedro Fernando Martínez García, referido -incluso en documentación escrita- con el remoquete de "El Diablo" (explicaremos la plausible razón por la que sus detractores le pusieron ese tremebundo apodo).

Nació en Santiago de la Espada el 5 de noviembre de 1775 y era hijo de Pedro Fernando Martínez, natural de Beas de Segura, y de Josefa García que era oriunda de Siles. El padre de Don Pedro "El Diablo" era, como hemos dicho, de Beas, pero figuraba en el patrón del Catastro del Marqués de la Ensenada (año 1755) como "propietario" de un molino de piedra "en el sitio que dizen Zumetta (sic)", de un batán de una rueda y de dos mazos en el mismo Zumeta, también poseía el mesón y sus rentas se calculaban en 50 fanegas al año (30 de centeno y 20 de trigo), lo cual era un considerable patrimonio en la época que explica que pudiera darle estudios a su hijo Pedro. Aprovecho para advertir que "Zumeta" es un hidrónimo que prueba indirectamente la fuerte presencia vasca en la repoblación posterior a la Reconquista en nuestra comarca, puesto que el vocablo "Zumeta" es euskérico (se forma con "zume" que significa sauce, sarga o mimbre y el sufijo pluralizador "-eta", lo que vendría a significar en castellano "mimbreras", "sargas”o "sauces".)

En el año 1837 se puso al frente de la administración de montes de Segura que en ese año ya eran del Estado, habiendo sido anteriormente de la Marina. La situación en España era bastante inestable, dado que en 1833 había estallado la guerra carlista que, aunque teniendo su escenario bélico en el norte peninsular, no dejó de afectar a nuestras tierras y gentes. Algunas expediciones carlistas llegaron a cruzar la Península de norte a sur y de sur a norte, como la de mi paisano el General D. Miguel Sancho Gómez Damas (Torredonjimeno, 1785 - Burdeos, 1864) y las partidas guerrilleras carlistas, formadas por andaluces y manchegos, vivaqueaban por nuestros montes. El guerrillero manchego "Palillos" y sus carlistas penetraron en la Sierra de Segura el año 1837, asaltaron Orcera y quemaron los archivos de la propiedad; esta acción, aplaudida por gran parte del pueblo, hizo perder al gobierno de la Regente María Cristina una sustancial base de datos que permitió que particulares, más o menos potentados, se dieran a talar los montes en su provecho propio, por eso el hijo de Pedro "El Diablo" pudo escribir que: "Acéfalo el establecimiento de los montes de Segura (...) los Ayuntamientos, los particulares, todos se persuadieron de que la hora de destruir los montes había sonado, y así fue que las talas y cortas de árboles de aquel año y siguientes son asombrosas, sin exageración".

En este estado caótico hizo acto de aparición el que sería llamado Pedro "El Diablo" como administrador de Montes, subordinado al Jefe político y administrativo que era el Gobernador Civil de Jaén, D. Agustín Álvarez de Sotomayor. Según cuenta su hijo, D. Pedro tuvo que contener la depredación de los montes, "sin guardas, sin manos ausiliares (sic), sin nada absolutamente". La situación del aislamiento comarcal de la Sierra de Segura y el desorden nacional favorecía que personajes con cierto poder, así como otros menos poderosos, pudieran talar y apropiarse de terrenos en provecho propio y al margen del control del Estado. En ese entonces todavía no existía el Cuerpo de Ingenieros de Montes que no fue creado, por Real Decreto, hasta marzo del año 1853, por lo que D. Pedro, como administrador de Montes, estaba prácticamente solo ante todos los serranos y sus hachas. Entre todos estos D. Pedro tuvo a dos poderosos enemigos: D. Juan Pedro de Aguilar, vecino de Segura, y D. Francisco de Paula Ruiz, el Cura de Siles, a los que el diligente administrador denunció por cortar y talar abusivamente los bosques en beneficio particular. En un Expediente de 1852, el Comisario de Montes de Jaén -que no parecía ser muy afecto a D. Pedro- es el que, hablando de D. Pedro, nos dice: "que por su carácter osado era conocido por El Diablo". El apodo tan denigratorio le venía, por tanto, de parte de la hostilidad que sentían contra él todos los que se sentían perjudicados por las diligencias que el administrador ponía en su celo profesional, defendiendo los intereses del Estado frente a los particulares.

Se tienen algunos datos de D. Pedro Fernando Martínez "El Diablo" que dan idea de su currículo vital: parece ser que fue condiscípulo de D. Antonio Sandalio de Arias y Costa (Madrid, 1794-Madrid, 1839) y conviene advertir que D. Antonio Sandalio de Arias fue un reconocido botánico y agrónomo, catedrático del Jardín Botánico de Madrid y miembro de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País que era la que en aquel entonces otorgaba las cátedras de Agricultura. Nuestro D. Pedro fue Diputado provincial de Jaén en la primera corporación, también parece que era Catedrático de Agricultura; en 1834 estuvo comisionado para inspeccionar la administración de los montes del Segura, Almadén y Río Tinto. Y, muy importante, fue D. Pedro un prominente miembro de la comisión que llevó a efecto el deslinde del límite oriental de la provincia de Jaén, por lo que podríamos decir que a él se le debe que el extenso término de Santiago de la Espada fuese incluido en nuestra provincia. También fue pionero en el asentamiento y colonización de labriegos sin tierra, fundando la Colonia de Isabel II en el término municipal de Siles.

D. Pedro "El Diablo" fue padre de Juan de la Cruz Martínez Ruiz, autor de "Memorias sobre El Partido Judicial de Segura de la Sierra escritas" del año 1842, entre otras obras.


NOTA:

El presente artículo divulgativo está en deuda con el artículo: "Juan de la Cruz Martínez Ruiz. Ilustre jurídico decimonónico nacido en Siles (Jaén)", escrito por D. Enrique Martínez Ruiz, Doctor Ingeniero de Montes, sin cuyas investigaciones sobre el personaje no hubiera podido ser compuesto. Dicho artículo fue publicado en la Revista ELUCIDARIO. Seminario bio-bibliográfico Manuel Caballero Venzalá, nº 4, año 2007, págs. 93-100).

martes, 7 de marzo de 2017

AUDREY HEPBURN: LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA DE UNA DIVA COMO EJEMPLO




8 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

 Juan Pedro Robles Fernández 



A menudo nos acostumbramos a ver de pasada la vida y analizar con excesiva frialdad y ligereza los hechos. Nos quedamos con el brillo y poco con el esfuerzo para conseguir ese brillo.

Audrey Hepburn representa junto con Grace Kelly y pocas más el glamour hollywoodiense en su época dorada. Vacaciones en Roma, por ejemplo, es una de las mejores producciones de Hollywood.

Podría parecer que la vida de una de las principales actrices de Hollywood fue un camino de rosas y no fue así. La infancia y niñez de Audrey Kathleen Ruston es ejemplo para muchos de nuestros actuales adolescentes. Un ejemplo al esfuerzo, el trabajo, y el optimismo frente a la desazón, pese a las circunstancias realmente duras que vivieron durante la 2ª Guerra Mundial, sin un triste bocado que llevarse a la boca. La mala alimentación durante la guerra hizo estragos en su constitución de por vida. Aun así, la educación severa y victoriana que recibió le hizo que nunca se quejara en público y redoblara los esfuerzos hacia los demás: “De pequeña me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía ponerme en evidencia. Todavía me parece oír la voz de mi madre diciéndome “sé puntual”. “Acuérdate de pensar primero en los demás”. “No hables demasiado de ti misma”. “Tú no eres interesante, son los demás los que cuentan”.

Audrey Kathleen Ruston nacía un 4 de mayo de 1929 en Bélgica. Era hija de la baronesa holandesa Ella van Heemstra y del segundo marido de ésta, el inglés Joseph Víctor Anthony Ruston. “Los nacidos en sábado trabajan para ganarse la vida” dice la tradición. La pareja se había conocido en la Indonesia. En aquella época en Batavia, en las indias orientales holandesas, había un floreciente comercio.

Ella van Heemstra procedía de la vieja aristocracia holandesa hija del barón Aarnoud van Heemstra gobernador de la Guayana holandesa (Surinam). No tuvo suerte con su anterior matrimonio y pronto se vio separada de él, con 25 años sólo y dos hijos. Disponía de algunos recursos económicos y era dueña de una parte de las propiedades familiares. Las islas holandesas en la actual Indonesia le ofrecían un lugar floreciente económicamente.

Ella van Heemstra se casó allí con Joseph Víctor Anthony Ruston, su segundo marido, con la esperanza de que éste, inglés y vivaz encontraría pronto un cómodo empleo en alguna de las compañías que comerciaban con el viejo continente. La triste realidad fue que “nunca supo conservar un empleo”.  Para Joseph el mayor atractivo de Ella radicaba en su título y por encima de toda la desahogada economía de la familia de Ella. Durante un breve periodo de tiempo la baronesa se sintió orgullosa de su marido, pero pronto vio como un empleo tras otro los iba perdiendo todos, pese a que algunos de ellos les hubiera permitido vivir de una manera bastante cómoda, toda vez que entre los europeos del archipiélago se ayudaban y se repartían los mejores puestos de las empresas que comerciaban en las islas. El motivo de trasladarse a Bélgica fue precisamente ir en busca de un nuevo trabajo que prometía una próspera situación para la familia. La presión y las discusiones de la pareja provocaron que finalmente Joseph se aviniera. Consideraba que Europa era mucho más apetecible que Indonesia y sentía nostalgia de su Inglaterra natal. Así pues, a finales de 1928 la pareja, junto con los dos hijos de la baronesa, se trasladaron a Bélgica vía Inglaterra. El nuevo empleo pronto aburrió a Joseph.

Joseph era amigo y simpatizante de los movimientos fascistas de la época, esto fue lo único que le resultaba interesante y a lo que dedicaba su tiempo y esfuerzos. Joseph no tardó en distanciarse de su mujer y su hija recién nacida en Bélgica. Al mismo tiempo que se iba agotando el dinero de Ella iba desapareciendo en interés por la niña Audrey y su madre. Cuando hubo despilfarrado casi todo el dinero que su suegro, el barón, le había confiado, las abandonó para seguir con sus intereses fascistas en Inglaterra. “Taciturno, poco dado a trabajar, dependiente de su esposa, despectivo de judíos, los católicos y la gente de color, parecía no tener nada en común con Ella y Audrey”.  Nunca mostró el menor tipo de apego por la pequeña niña que había nacido. La reacción de ella ante esta actitud fue la típica de cualquier criatura: “redobló sus esfuerzos para ganarse el amor y la aprobación paternos, desgraciadamente sin resultado”. El abandono de la familia supuso un tremendo trauma que siempre le acompañó a Audrey. Ella van Heemstra nunca se lo recriminó. Educada en la clásica aristocracia germano-victoriana, el decoro y los modales recargados exigía un corazón atemperado. Además, tenía la convicción de que "la dignidad excluía llamar la atención sobre sí misma”. Esa misma educación aristocrática de la baronesa también excluía, por indecoroso, los mimos y cualquier gesto efusivo para sus hijos más allá de un beso de buenas noches. Así pues, la niñez de Audrey fue tremendamente dura creció sin el referente paterno. “Al abandonarnos puede que mi padre me volviera insegura de por vida, resultó terrible, yo estaba aterrorizada. Era como si el suelo hubiera desaparecido bajo mis pies”. “Mi madre albergaba un gran amor, pero no siempre era capaz de demostrarlo”.

De todas formas, Audrey recibió cierto consuelo. Su abuela materna la llevó junto a su madre a Arnhem, a unos 60 kilómetros de Ámsterdam, donde el viejo barón, su abuelo, tenía una casa. Ella van Heemstra creyó que en la neutral Holanda podría estar a salvo de la guerra. Los holandeses creyeron que nunca Alemania atacaría su país, y así vivían en la comodidad de sentirse resguardados. Audrey aprovechó estos años para continuar sus estudios y descubrió que las clases de danza era donde más feliz se encontraba. Un 10 de mayo de 1940 tropas y artillería nazi atravesaron Arnhem incautándose de los bienes locales y apropiándose de lo que consideraban necesario para sostener su maquinaria de guerra. La felicidad finalizó bruscamente para dar paso a los primeros días de incertidumbre. Por el momento, a la familia de Audrey se le permitió permanecer en su hogar ancestral.



Audrey era políglota. En casa había oído hablar inglés y holandés y en la calle el francés. Aunque nació en Bélgica, era ciudadana británica, pues, al nacer, fue inscrita como súbdita británica en la embajada. Además, tenía nombre inglés. La baronesa sagazmente le cambió el nombre. La falsa identidad le salvó la vida y duró mientras fue necesaria, es decir, toda la guerra.

No tardó mucho tiempo para que los alemanes necesitados de artículos para abastecer el ejército, establecieran un estricto racionamiento. Aceite, gasolina, neumáticos, café, té y toda clase de artículos textiles eran productos a los que la población tenían un acceso restringido. Un país que había disfrutado de un envidiable nivel de vida no tardó en quedar sumido en la pobreza y ser víctima de la enfermedad. A medida que la guerra se prolongaba muy pocos pudieron conservar sus valores y propiedades y la tuberculosis azotó a la población con carácter de epidemia.

Al principio, la población trató de mantener la calma, luego, cuando quedó claro que la paz no sería una realidad inmediata, se creó el Consejo de la Resistencia del Reino de Holanda. Por aquella época, Audrey y su familia sufrieron en carne propia la brutalidad del régimen nazi. La resistencia había intentado volar un tren con pertrechos militares y de inmediato los alemanes tomaron represalias en Arnhem. Detuvieron al tío de Audrey, a su prima, a un ayudante del tribunal donde su tío era juez y a varios vecinos. “Yo vi cómo ponían a mis parientes contra un muro y los fusilaban”. Por desgracia, un poco después, también sus dos hermanos fueron descubiertos y deportados a Alemania.

Aunque estaban en guerra, la vida tenía que normalizarse en lo posible y Audrey siguió yendo al colegio donde asistía a clases de danza. Pronto se convirtió en una alumna estelar. Al poco tiempo no sólo actuaba en las clases, sino que con riesgo de su seguridad y propia vida ofrecía espectáculos clandestinos para recaudar fondos para la Resistencia. Las llamaban funciones negras porque las hacían con las cortinas de las habitaciones corridas con escasa luz. Al finalizar, obviamente, nadie aplaudía. Durante estas actuaciones, algunas personas se les acercaban a los niños y junto a pequeñas cantidades de dinero les daban trozos de papel doblados que Audrey introducía en el zapato para posteriormente entregar a los miembros de la resistencia. Mediante un acuerdo previo, se encontraban con ellos en un parque abarrotado, en un tranvía, etc. Sigilosamente a riesgo de ser descubiertos le entregaba el papel. Audrey negó posteriormente cualquier comportamiento heroico, quitándole importancia a lo que sí tenía y mucha: “Era algo normal que los niños holandeses se arriesgaran a morir para salvar la vida de los miembros de la resistencia”.

En otra ocasión, un miembro de la resistencia le contó que había un paracaidista británico escondido en los bosques de Arnhem y que no podía quedarse allí porque los alemanes iban a hacer unas maniobras en la zona. Audrey aceptó sin dudarlo y se internó en el bosque para trasmitirle el mensaje, además era la única que se podría poner en contacto con él puesto que hablaba perfectamente en inglés. Aquel gesto suyo le salvó la vida. A la vuelta, volvía con un ramillete de flores que ofreció a dos soldados que la abordaron. No sospecharon nada y aquel ramo le sirvió de salvoconducto para continuar hacia el pueblo.

Después del desembarco de Normandía los aliados planearon una operación que pretendía asegurar Holanda. El plan consistía en lanzar treinta y dos mil hombres en paracaídas. Era la operación Market Garden. Sin embargo, los aliados no tuvieron en cuenta que, en el pueblo de Audrey, Arnhem, estaban estacionadas dos divisiones blindadas alemanas. La artillería alemana no tardó en controlar la zona. Muchos aliados murieron al tocar tierra y más de siete mil fueron capturados y deportados a Alemania. Aquel invierno fue uno de los más duros de la historia europea y los nazis vieron como la población holandesa moría lentamente de hambre. Audrey y su madre se vieron obligadas a marcharse de Arnhem “a la casa de campo que mi abuelo tenía, pero no fueron días agradables. Pasábamos los días sin comer, titiritando de frío en una casa sin calefacción ni luz”.

Vivíamos sin nada que hacer, sin noticias, sin libros, ni jabón; sin embargo, aquello no era nada comparado con el horror cotidiano… durante bastante tiempo lo único que teníamos para comer eran bulbos de tulipán. “La mañana del 24 de diciembre, mi tía nos comunicó que no teníamos nada para comer. Yo había oído decir que si uno dormía se olvidaba del hambre. Pensé en subir las escaleras para ir a mi habitación, pero no tuve fuerzas. Se me había hinchado las piernas, estaba desnutrida y tenía tan mal color a causa de la ictericia que mi madre llegó a temer que muriera de hepatitis”. Entonces alguien llamó a la puerta y entró un miembro de la resistencia con un poco de comida y durante algunos días les fue pasando raciones. Cuando se quedaban sin comida aparecía, de nuevo,  la desesperación más absoluta pues continuamente tenían la incertidumbre de si podría, disponer de más.

El 4 de mayo de 1945 Audrey oyó ruidos fuera de la casa. “Corrí a la ventana y vi el primer contingente de soldados aliados. Para mí, la libertad, tiene un olor especial: el de los cigarrillos y la gasolina inglesa. Les pedía un cigarrillo, aunque me hizo toser. También les pedía una chocolatina”. Desde entonces nunca perdería su afición al chocolate.

Posteriormente, finalizada la guerra, Ella van Heemstra, se trasladó con su hija a Inglaterra para que continuara con las clases de danza. Su madre, es un ejemplo de lucha. Los hechos mostraron siempre la fuerza y el empeño de una mujer que fue capaz de, aun siendo baronesa, trasladarse desde Holanda a Inglaterra, buscar un pequeño empleo de conserje que consistía en limpiar un portal de un pequeño bloque de viviendas. A cambio obtenía una habitación poco amueblada y un pequeño sueldo. De esta forma consiguió que su hija pudiera seguir con su instrucción. Pocas mujeres en aquella época mostraban esa determinación.
 
Posteriormente, se evidenció que los estragos alimenticios en un cuerpo adolescente que estaba creciendo habían dejado secuelas que truncaron su carrera como bailarina; sin embargo, no es menos cierto que buscó otra salida. Este hecho le obligó a dar clases de interpretación dando origen, así, a la carrera de una de las estrellas con más estilo y elegancia de Hollywood.

Fuente:

Donald Spoto. Audrey Hepburn. Editorial Debolsillo, Barcelona 2016. Hemos tenido en cuenta los dos primeros capítulos. Una biografía que aconsejamos leer.